30 dic. 2008

Proyectan el clima del siglo XXIII

Con una megacomputadora, investigadores argentinos podrán anticipar variables que afectarán a la agricultura!

Cuando Josefina entró en el enorme recinto refrigerado donde opera la supercomputadora más rápida del mundo para predecir el cambio climático se quedó sin palabras. "No podía creer ver tantos procesadores juntos", dijo sobre la poderosa máquina del Instituto de Ciencias de la Tierra, de Yokohama, Japón.

Después de tres semanas de trabajar allí con los datos que procesan los 5120 microprocesadores del llamado simulador de la Tierra, la licenciada Josefina Blázquez regresó con una gran cantidad de información bajo el brazo para valorar su capacidad real de proyección climática para la Argentina y el resto de América del Sur en este siglo.

"Por ahora, pensamos que el modelo efectivamente servirá para hacer proyecciones para la Argentina", adelantó la becaria del Conicet en el Centro de Investigaciones del Mar y la Atmósfera (CIMA), en el segundo piso de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires.

Junto con Josefina, viajaron a Yokohama los doctores Mario Núñez y Silvina Solman, también del CIMA. Este intercambio entre ambos países, con el apoyo de la oficina local de la Agencia Internacional de Cooperación de Japón (JICA), aspira también a generar resultados para elaborar un plan nacional de adaptación de la población, y de los recursos naturales y de producción.

"Nunca había visto una máquina de ese tamaño y con esa capacidad de procesamiento -dijo el doctor Núñez, director del CIMA e investigador superior del Conicet-. Aunque dejó de ser la supercomputadora número uno del mundo en velocidad y capacidad, lo sigue siendo para la investigación en ciencias de la Tierra."

A partir de 2009, comenzarán los cambios de hardware para reemplazarla en los próximos tres años por otro simulador que triplique su capacidad actual de trabajo. Por ahora, explican los científicos japoneses que la operan, las supercomputadoras que la superan no están dedicadas a la investigación, sino a la defensa.

Desarrollado por tres agencias científicas de Japón, el simulador comenzó a funcionar en 2002 y es fuente de información científica del Panel Intergubernamental de Cambio Climático. Un 50% de sus recursos se dedica al estudio de los fenómenos terrestres, incluido el corazón de nuestro planeta, mientras que el resto se usa para hacer proyecciones de máxima resolución en áreas como la salud y el desarrollo industrial.

"Es capaz de hacer 40 billones de cálculos por segundo y fue el simulador más poderoso capaz de realizar con precisión científica lo que nosotros, los seres humanos, jamás habíamos sido capaces de hacer antes de su creación. Sigue siendo la computadora más rápida entre las disponibles para las ciencias de la tierra", explicó a LA NACION por vía electrónica el doctor Hiroki Kondo, investigador principal del Frontier Research Center for Climate Change, de la Agencia Japonesa de Ciencias Marinas-Terrestres y Tecnología.

Abierto a todo público

Cualquier persona puede acceder a los datos que produce el simulador ( www.jamstec.go.jp/esc/index.en.html ) . "Pero son tantos [cada archivo tiene más de mil gigabites] que sólo actualizamos algunos datos en Internet", dijo Kondo.

Dada su importancia estratégica, el edificio de dos plantas que lo alberga es flotante, para resguardarlo de todo movimiento sísmico. Se puede acceder a él sólo por un puente cerrado desde el edificio en el que trabajan los científicos.

"Está montado sobre rodillos de goma, que amortiguan los movimientos y permiten «salvar» a la máquina. Si hay un terremoto, el puente se desprende y cae para proteger al simulador", relató Núñez.

Desde que la puso en marcha, Japón les ofrece gratis a los países los datos que produce la megacomputadora. Recién este año la Argentina envió a un equipo de científicos a buscarlos. "Los modelos globales que procesa son de muy alta resolución: producen un dato por cada 20 kilómetros (de distancia) en el terreno real", precisó Núñez.

En las computadoras del CIMA, el modelo argentino produce datos cada 40 kilómetros, pero con mucha menos resolución que el simulador de la Tierra. Un proyecto de un sistema "no tan casero" y con una capacidad entre 100 y 200 veces superior espera el financiamiento de la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica. "La máquina que necesitamos en esta era tecnológica representa una mínima inversión para digitalizar toda la información", comentó Núñez.

En Japón, 400 proyectos del mundo usaron la megacomputadora en estos 6 años. "Algunos resultados -dijo Kondo- los enviamos especialmente a países en desarrollo para que interpretaran su impacto e iniciaran estudios sobre la adaptación y la vulnerabilidad de sus poblaciones."

Las simulaciones, que incluyen hasta realidad virtual, se hacen para tres períodos distintos: a 30 años, para fines de siglo y a 300 años. La tesis doctoral de Josefina consiste justamente en procesar esos datos para nuestro país y la región, compararlos con los de los últimos 25 años y proyectar su alcance. "La idea es terminar de validar el modelo japonés y ver cuál será el clima para 2080-2100", resumió ella.

La precisión de las simulaciones japonesas varía según las aplicaciones, que son varias. Por ejemplo, es de un 75% cuando se trata de predecir ciclones tropicales y el curso de un tifón a 3 o 4 días, pero del 100% en el caso de simulaciones mecánicas industriales, como las que se necesitan para desarrollar un nanotubo de carbón.

"Cuando en el CIMA tengamos los datos de la región para 2020-2050, haremos una proyección para dársela al Gobierno y a los productores agropecuarios y de energía. Así podrán desarrollar una política de adaptación al nuevo clima."

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