20 oct. 2008

Fotos perdidas y preguntas incómodas


La persistencia de la memoria electrónica no deja de sorprenderme. Sobre todo comparándola con mi propia memoria, que es bastante frágil. Coinciden, sin embargo, en un punto: cuando se borra algo, recuperarlo viene adornado con toda clase de sorpresas.

Estaba probando mi nueva cámara digital cuando apreté el botón equivocado. Tenía unas 40 fotos buenas en la tarjeta de memoria. Así que el cartelito en la pantalla que me preguntaba si quería realmente eliminar todas las imágenes y videos no me gustó nada. Me tomé mi tiempo, pero cometí el más básico de los errores, y perdí todas esas buenas fotos y dos videos.


El planteo inteligente sería más bien: ¿cuál fue exactamente el error?

Cuando apareció el inesperado cartel, leí cuidadosamente el mensaje. Ese no fue el error. Leí el mensaje para asegurarme de responder correctamente. Eso tampoco estuvo mal. Finalmente, moví el cursor hacia la posición No y apreté OK . Y esto tampoco fue un error.

Pero metí la pata al confiar la suerte de esas fotos a un control hipersensible. Debí simplemente haber apagado la cámara, y ya.

En cambio, es casi seguro que al presionarlo para darle OK moví el joystick a la posición , y adiós. Cuando la cámara me informó, impasible, que estaba borrando todo, ya no había nada que hacer. Bueno, salvo proferir alguna palabrota, pero eso no cambiaría el hecho de que a partir de ese momento ya no podría usar la cámara.

¿Por qué?

Las fotos y videos no habían sido borrados en realidad, sino que su entrada en el índice del sistema de archivos de la tarjeta de memoria había sido eliminada, marcando como disponible para usos futuros el espacio que esos archivos habían ocupado hasta entonces. Por lo tanto, si seguía sacando fotos, había muchas posibilidades de que las imágenes que había borrado, pero cuyos datos todavía estaban allí, fueran sobrescritas. De ser así, no podría recuperarlas o las rescataría truncadas. Puse en mi lista de cosas por hacer en el celular el comprar una nueva tarjeta de memoria para tener de repuesto, y guardé la cámara hasta que estuviera cerca de una computadora.

Eso ocurrió unas 24 horas después, pero daba lo mismo si esperaba seis meses, un año o una década, mientras no siguiera sacando fotos o usando la tarjeta para guardar cualquier otra clase de archivo.

Como había dado formato varias veces a esa memoria en los últimos dos o tres meses, decidí probar suerte con el PC Inspector Smart Recovery ( www.pcinspector.de/Sites/smart_recovery/info.htm?language=1 ), que supuestamente rescata de forma inteligente las fotos de las personas poco cuidadosas borran por error.

Pero no fue una buena decisión. Luego de una hora y media había recuperado algo así como 5400 archivos. No sólo eso. Mis fotos recientes no aparecían; por el contrario, el programa había rescatado una y otra vez la misma foto: la de un gato montés con cara de enojado que fotografié hace casi un año en una reserva natural. Parecía una suerte de broma. Y era una nueva demostración de que la inteligencia no suele estar del lado de las computadoras. Gato montés 1, inteligencia artificial 0.

Eché mano entonces del más modesto File Recovery ( www.pcinspector.de/Sites/file_recovery/info.htm?language=1 ), que encontró menos archivos (unos 100), incluidas las fotos y videos que quería rescatar. Seleccioné todo y lo puse a recuperar. Pero cada vez que encontraba una imagen que, como descubriría después, estaba en malas condiciones, se colgaba con un error fatal. A la quinta o sexta vez desistí. Era demasiado trabajo. Busqué entonces el Restoration ( www3.telus.net/mikebike/RESTORATION.html ), que pese a su aspecto rústico, nunca me ha fallado. Mostró sólo las fotos que había eliminado el día anterior (eso parecía un poco más inteligente) y luego las restauró a una carpeta en el disco duro sin tropiezos.

Unas pocas, sin embargo, y a pesar de que no había hecho nada más con la tarjeta, quedaron truncadas. Media docena salieron con pequeños errores, que un oportuno cropping eliminó sin pena ni gloria, y cuatro o cinco terminaron fuera de combate. Me guardé los archivos, sin embargo, para ver si puedo volverlos a la vida, pero eso me va a llevar más tiempo.

En blanco y negro

Dos preguntas incómodas sobre este incidente. Primera, ¿por qué obedecerles a las máquinas? ¿Por qué seguí los pasos que me mostraba en pantalla? Bastaba apagar la cámara para que el dispositivo se olvidara de todo el asunto. No obstante, recorrí este diálogo de sordos que terminó con una orden no deseada.

Segunda, y ésta es más bien de orden metafísico, ¿por qué esas tres o cuatro fotos que uno dispara sin querer, tomando un piso movido, una palmera fuera de foco, un pulgar en primer plano o una Mancha Voladora No Identificada se restauraron perfectas? ¿Por qué esa estupenda foto que había conseguido tras configurar el equipo como si usara película en blanco y negro de 800 ASA, justo ésa y algunas otras en el mismo tenor volvieron rotas o no volvieron?

No lo sé, pero me viene a la memoria una situación análoga pero de veinte años atrás. Sin querer, abrí un equipo y velé la película. Ya lo dije. Errar es humano. Pero esta situación era mucho más seria que el borrado accidental de archivos digitales, que uno recupera en un 90 por ciento.

En las cámaras analógicas la película ya expuesta quedaba enrollada a la derecha, sin protección alguna. Si cometías un error debías confiar en que las sucesivas capas de acetato hubieran obturado algo de la luz hasta las capas más internas del rollo, donde estaban las primeras fotos. Crucé los dedos, porque era allí precisamente donde guardaba un par de imágenes valiosas.

Rebobiné y guardé la película. Luego, en el laboratorio, revelé, fijé y prendí la luz. Casi todas las tomas del principio del rollo se habían salvado, al menos en una medida razonable. Excepto aquellas dos que yo quería rescatar.

Murphy, tal vez. ¡Es que hasta la misma ley de Murphy parece ser víctima de la ley de Murphy ( http://en.wikipedia.org/wiki/Murphy%27s_law )!

Sin novedad en el frente

Otra de las cosas interesantes que me ocurrieron en estos días fue que el Notificador de Gmail dejó de funcionar. Me rompí la cabeza tratando de entender qué podría ser, porque todas las personas a las que consulté me dijeron que en sus casos andaba bien. Hice memoria y recordé la nota que publiqué este lunes en el primer cuerpo del diario. Allí aconsejaba activar la función Usar siempre https en la configuración de Gmail, sobre todo si se usan hotspots públicos. Como cada cosa que recomiendo, primero lo probé en mis máquinas, anduvo bien y me olvidé del asunto.

En la Ayuda de Gmail avisan que el Notificador no anda con https a menos que se le instale un parche. El parche en cuestión no sólo es muy difícil de encontrar desde el sitio en español (porque el Gmail Notifier sólo está en inglés) sino que en realidad se trata de un simple cambio en el Registro de Windows que asigna una nueva dirección al correo de Google y que el usuario avanzado puede hacer fácilmente a mano. No me queda claro por qué no cambiaron el Notificador para que venga con la configuración correspondiente, en lugar de ponerle un parche.

En todo caso, la dirección para bajarse este patch es: http://mail.google.com/support/bin/answer.py?hl=en&answer=9429 .

Como dije, todo lo que hace es añadir a la clave HKEY_CURRENT_USER\Software\Google\Gmail\Flags el valor url y asignarle la cadena https://mail.google.com/mail/

Luego de aplicarlo, hace falta cerrar y volver a arrancar el Gmail Notifier para que el cambio funcione.

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